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19 de Octubre 2021 | Café

Café libre de deforestación: cómo puede contribuir a la sostenibilidad

La industria cafetalera se orienta cada vez más hacia la sostenibilidad ambiental, social y económica en la cadena de suministro


Artículo de Perfect Daily Grind

Uno de los mayores problemas ambientales que se derivan de la producción de café es la destrucción de grandes áreas de bosque en todo el mundo. En ese contexto, el sector y las organizaciones públicas y privadas vienen impulsando una transformación para fomentar la producción del café libre de deforestación, con el objetivo de mejorar los ingresos de los productores, proteger los bosques y mitigar los efectos del cambio climático. 

Si bien este modelo productivo representa ventajas ambientales, económicas y sociales, trae consigo una serie de desafíos que involucran a toda la cadena de valor. Para conocer más sobre esta iniciativa, sus beneficios y los retos, se conversó con dos expertos. Continúa leyendo para descubrir lo que dijeron.
 

¿Qué es el café libre de deforestación?
La creciente demanda mundial de café ha hecho que durante muchos años, a medida que se expanden los cultivos, y gracias al surgimiento de variedades que prosperan sin necesidad de sombra, se hayan convertido muchas áreas de bosque en cafetales.

Según un estudio reciente del World Resources Institute, la expansión agrícola es una de las causas de la deforestación en el mundo. Esto ha contribuido a agravar la crisis climática.

La producción de soja, palma de aceite, cacao, caucho, fibra de madera y café representaron el 26% de la pérdida de cobertura arbórea mundial entre 2001 y 2015. 

En ese periodo de tiempo, se estima que alrededor de 2 millones de hectáreas (Mha) de bosque fueron reemplazadas por cultivos de café, de las cuales 1,1 Mha se destinó para la siembra de café Robusta y 0,8 Mha para la especie Arábica. Indonesia, Brasil, Madagascar, Vietnam, Perú y Colombia fueron los orígenes donde se presentó mayor sustitución de áreas de bosques.

No obstante, la participación del café en la tasa de deforestación fue mínima si se compara con la de la soja o la palma de aceite. 

José Arturo Santos, asesor regional para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)) en Latinoamérica y el Caribe, señala que el primer paso es definir en qué consiste la producción de café libre de deforestación, pues aún no existe una definición y normativa global que regule este modelo productivo. 

Él indica que es necesario que los actores de la cadena de valor del café entren en una discusión para llegar a un acuerdo que permita alinear los propósitos, emitir un concepto, una política pública y desarrollar una estandarización internacional que favorezca desde el caficultor hasta el consumidor. 

“Tienes que definir bosque, deforestación legal o ilegal, la fecha en la cual la medida entra en vigor en la finca y qué medidas y sanciones correctivas vas a hacer”, agrega José. 

“El riesgo es que solo se proponga esa definición desde uno de estos dos sectores: el productor y el consumidor. De la parte del consumidor pueden venir reglas muy duras, muy de golpe, las cuales no dan tiempo al caficultor para llevar a cabo esa transformación. De la parte del productor pueden ser medidas muy largas, con sanciones muy bajas”. 

Patricia Serrano Roca es gerente de Proamazonía, un programa de conservación de bosques y producción sostenible, dirigido por los Ministerios de Agricultura y Ganadería y del Ambiente y Agua en Ecuador y apoyado por el PNUD. 

Ella dice que este modelo consiste en la producción de café bajo buenas prácticas agrícolas, conservando un equilibrio entre la calidad del grano, la productividad y el cuidado del medio ambiente. 

“Se caracteriza por un uso responsable y cuidadoso de los recursos naturales, productivos y del suelo. Garantiza también que en su proceso de producción no se hayan realizado actividades relacionadas a la deforestación, la tala de bosques o afectaciones directas al ecosistema”, agrega. 

Frente a este panorama que amenaza con el futuro de los bosques y la biodiversidad, iniciativas como el café libre de deforestación son cada vez más relevantes en la agenda ambiental de varios países. 


Cómo lograr este modelo productivo

El café libre de deforestación puede considerarse como un sistema agrícola sostenible en el que los cultivos de café conviven en armonía con los bosques, preservando la biodiversidad. Entonces, ¿cómo se logra esta relación?

Patricia explica que en este sistema se debe determinar cuáles son las áreas productivas y las áreas de bosques que se mantendrán intactas e implementar mecanismos de monitoreo en las fincas, que a través de imágenes satelitales demuestren la evolución de la deforestación en las regiones cafetaleras. 

Asimismo, diseñar un plan de manejo del cultivo que contemple buenas prácticas de conservación del suelo, como la renovación de cafetales con variedades resistentes y densidades óptimas, uso eficiente del agua, reducción de fertilizantes químicos, aplicación de materia orgánica, manejo de sombra o sistemas agroforestales para regular la temperatura, protección de corredores forestales y control biológico de plagas. 

Por ejemplo, una de las directrices de la agricultura biodinámica establece que una parte importante de la finca se debe destinar a la biodiversidad.

“El enfoque de estos cultivos no es crear nuevas plantaciones, sino que bajo los actuales cultivos se pueda realizar una transición hacia una producción de café en sistemas agroforestales”, aclara Patricia.


¿Por qué cultivar café libre de deforestación? 
Cuando se cultiva café en sistemas agroforestales, los cafetos y otros árboles se complementan para dar origen a múltiples beneficios que favorecen a los productores y al medio ambiente. 

Los árboles de sombra ayudan a moderar la temperatura, generar materia orgánica que se reutilizará en los cafetos como fertilizante natural, retener la humedad del suelo y proveer un hábitat para las aves que atacan a los insectos dañinos. 

Muchas veces, cuando los caficultores reciben un valor económico que refleja la calidad de su café y la implementación de prácticas amigables con el medio ambiente, pueden financiar y favorecer la preservación de los bosques. 

Un ejemplo es el sistema agroforestal conocido como Chakra, una práctica ancestral utilizada por la comunidad Kichwa de la Amazonía ecuatoriana y otras comunidades indígenas. En ella, se asocia el cultivo de café con árboles forestales, frutales y otras especies que aportan nitrógeno al suelo, de manera que ambos se benefician mutuamente, con el café como cultivo principal. 

“Con el paso del tiempo, otras especies agrícolas con valor comercial se han integrado a este sistema agroforestal tradicional, como es el caso del café Robusta y el cacao fino de aroma”, dice Patricia. 

“Una producción de café sostenible libre de deforestación fomenta la permanencia de la cobertura forestal, promueve acciones de restauración de bosques, protege la biodiversidad, ayuda al mantenimiento de las cuencas hidrográficas y genera medios de subsistencia para las familias caficultoras”.

Este modelo productivo permite acercarse más al cumplimiento de algunos Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Naciones Unidas para 2030: agua limpia y saneamiento, vida en ecosistemas terrestres, erradicación de la pobreza y la lucha contra el cambio climático.

“Hablamos de gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras”, dice Patricia. 


Un mercado importante en el futuro
La demanda mundial hacia un café sostenible y de buena calidad crece cada vez más. Actualmente, las empresas y los consumidores exigen un café más responsable con los productores, amigable con la naturaleza y producido bajo prácticas éticas. 

“Entre más exclusivo sea [el mercado], la persona quiere saber de dónde viene su café, cómo y quién lo produjo, qué medidas tomó”, comenta José.

“El segmento de mercado busca productos de calidad y también se identifica con valores orientados a la sostenibilidad, a la trazabilidad y también a los negocios locales o independientes, es decir, favorecer a pequeños productores, más que a grandes empresas”, agrega Patricia. 

Los mercados de Europa, Asia y Estados Unidos han empezado a mostrar interés por reducir su impacto ambiental a través de la creación de una legislación e iniciativas que prohíban la importación de productos que no sean libres de deforestación. José dice que esta regulación aplicaría para productos básicos como la soja, la carne, el cacao, el aceite de palma y el café.

“Va a comenzar una regularización para promover la importación de productos que no tengan un efecto negativo o un impacto directo en transformación de bosque”. 

Esta es una manera de compensar en gran parte los efectos del comercio de materias primas en los bosques del planeta. Así lo afirma un estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, que reveló que las importaciones de productos básicos hechas por los países industrializados como Alemania, Canadá, EE. UU. Francia, Italia, Japón y Reino Unido han sido responsables de la deforestación en países productores.

Según el estudio, “los patrones de consumo de los países del G7 generan una pérdida promedio de 3.9 árboles por persona por año. Algunos de los puntos críticos de deforestación incorporados en el comercio internacional también son puntos críticos de biodiversidad”. 

En otro informe presentado por el Fondo Mundial para la Naturaleza, se concluyó que después de China, la Unión Europea se convirtió en el segundo mayor importador de deforestación tropical, tras provocar en el 2017 el 16% de la tala de árboles para favorecer el comercio mundial. Esto representó un total de 203 mil hectáreas y 116 millones de toneladas de C02. 


A pesar de que la creciente demanda por un café libre de deforestación puede ser positiva para el medio ambiente y la industria, también genera el debate sobre las garantías que recibirá el caficultor en materia de precio. 

José señala que, para responder a las exigencias del mercado, el caficultor tendrá que incurrir en inversiones para adquirir tecnologías, innovar y realizar transformaciones en la fincas, por lo que es necesario asumir una responsabilidad compartida, en la que todos los actores de la cadena de valor garanticen un precio que cubra estos costos y una buena calidad de vida para los productores. 

“Regularmente, el mayor golpe siempre lo lleva el productor, no el transformador, ni el consumidor. El transformador te dice: no, yo tengo un presupuesto para la materia prima, la transformación esa no la puedo alterar. El consumidor te dice: yo estoy dispuesto a pagar un poquito más. El problema es ¿qué porcentaje está dispuesto a pagar?”, indica José. 

La desigualdad que siempre se ha presentado entre los distintos eslabones de la cadena de suministro también hace parte de la discusión. Según la investigación Café: La historia de un éxito que oculta una crisis en los últimos años, las empresas tostadoras y distribuidoras generaron EUR 1.177 millones en ganancias, de los cuales los productores solo recibieron el 4%. 

José advierte que, si no se superan estas barreras, el caficultor será el más afectado, pues actualmente su foco de atención está en sobrevivir a la pobreza, la volatilidad del mercado, el abastecimiento de insumos cuyo precio está en aumento, y además, debe mitigar el cambio climático.

“Su enfoque está en sobrevivir el día a día ante los cambios tan drásticos que estamos teniendo en clima y mercado. El volverse sostenible lo pone en un segundo o tercer eslabón en su lista”. 


Otras iniciativas en países productores 
En todo el mundo, el interés por proteger y conservar la biodiversidad en las zonas cafetaleras ha motivado iniciativas de responsabilidad social y ambiental, lideradas por gobiernos, organizaciones, ONG, empresas privadas, cooperativas de café, entre otros.

“El involucramiento de la industria y el sector privado es supremamente importante en ese tipo de procesos, porque finalmente son ellos quienes generan la demanda de los productos. Cuando ellos empiezan a demandar responsabilidad, eso tiene un eco hacia la producción”, concluye Patricia. 

Además, Patricia destaca la Declaración de Nueva York sobre los Bosques, en la que varias empresas se han comprometido en la compra de materia prima que provenga de procesos amigables con el medio ambiente y tiene el objetivo de lograr una deforestación cero para 2030.

Asimismo, la unión entre el Grupo Lavazza y el Gobierno ecuatoriano, quienes lideran el programa A Cup of Learning, ha capacitado a productores en análisis organoléptico, tendencias de mercado y logística, con el objetivo de impulsar la comercialización de café productos sostenibles, recibir cooperación para el Desarrollo de Café Sostenible y Libre de Deforestación, y facilitar el acceso de este producto al mercado internacional.

Por otra parte, con la ayuda del sector público y privado de Perú, miles de productores pequeños desarrollaron el Plan Nacional de Café Peruano 2019-2030 que aborda temas relacionados con la producción y transformación del grano.

Colombia tampoco es ajena a esta tendencia. Recientemente el Gobierno, la sociedad civil y algunas empresas firmaron el Acuerdo Café, Bosque y Clima para conservar los bosques en las regiones productoras de café. 

“Las iniciativas que a mi me llaman la atención, son aquellas que puedan trabajar en toda la cadena y no solo en un segmento”, apunta José.


Del futuro de los bosques dependerá la sostenibilidad de la caficultura. El café sostenible y libre de deforestación no solo es una oportunidad para compensar los daños causados durante muchos años a los bosques y la biodiversidad del mundo, sino también para cerrar las brechas de pobreza y desigualdad en el sector cafetero. 

La transición hacia una producción resiliente al cambio climático y la volatilidad de los precios, requiere de un enfoque multidimensional y transparente, que promueve alianzas entre los actores de la cadena de valor, la legislación y el sector privado.

Crédito de las fotos: Tatiana Guerrero, Proamazonia.







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